martes, 1 de julio de 2014

LOS TABARETISTAS, LOS OTROS Y LOS POLÍTICOS PROFESIONALES

Más allá de la propia persona del Dr. Vázquez, podemos ver un fenómeno que llamo “tabaretismo” (no digo “Vazquismo” porque los tabaretistas le llaman “Tabaré”, no “Vázquez” y porque los vascos no tienen nada que ver y el término podría confundir). Puedo lograr distinguir tres tipos de tabaretismo: el emocional, el ideológico y el temeroso.
El emocional representa una adhesión a la persona de Tabaré, pareciéndose mucho al caudillismo en el tradicional sentido del término. Los tabaretistas emocionales se parecen cada vez más a los fanáticos. Como todo fanatismo, nubla la razón, obstruye la argumentación y termina casi siempre en violencia.
El tabaretismo ideológico se desprende de la adhesión a los presupuestos socialdemócratas que defiende Vázquez. ¿Vázquez suscribe a las pautas de la internacional socialista? Si lo saben, cuéntenme en sus comentarios. Pero en todo caso, a nadie escapa que sus modelos son más los Zapateros y Papandreus que los Chávez o Correas.
El tabaretista temeroso, quiere a toda costa su candidatura porque cree que es la única forma de ganar las elecciones. En ese sentido, representa el miedo a la vuelta de los blancos y colorados.
De estos tres tipos de tabaretismo, se desprenden tres tipos de argumentos diferentes para defender su candidatura. Los fanáticos esgrimen argumentos que se basan fundamentalmente en una supuesta “excelencia” que ven en la persona del Dr. Vázquez. Los argumentos de los tabaretistas ideológicos están relacionados con el “éxito” de nuestros sucesivos gobiernos, poniendo el énfasis en el primero de ellos. Por su parte, los argumentos de los tabaretistas temerosos, hacen referencia a que no existe ningún otro líder que pueda llevar al FA al gobierno, poniendo en relevancia las encuestas de opinión.  
En algunos casos, se ejerce sobre los que opinamos diferente, una violencia verbal inusitada. Se nos trata de “traidores”, de “ultras” o lisa y llanamente de “derechistas infiltrados”. Huelgan los comentarios, sobretodo sabiendo que entre nosotros, hay gente que se jugó la vida por el FA. En esos casos, es evidente la voluntad de anular cualquier posibilidad de análisis crítico.
De momento, en las redes sociales, no aparecen voces argumentadas para defender su candidatura, salvo aquellas que se apoyan en supuestas encuestas de opinión. Yo no creo que el resultado de dichas encuestas sea un argumento válido para elegir un candidato, si así fuera sugiero proponer a Diego Forlán como candidato, ganamos seguro! Sin embargo, muchos son los sólidos argumentos que circulan para que el compañero no se presente.     
A quienes alzamos la voz para oponernos se nos acusa de actuar en contra de la “unidad”, y se nos dice que, de no estar de acuerdo, deberíamos expresarnos estrictamente en la interna del FA.
En cuanto a la primera crítica me permito preguntar: ¿Quién atenta realmente contra la unidad? ¿Cómo se construye esa unidad? ¿Qué características tiene? Nada atenta más contra la unidad que las imposiciones, de hecho o de derecho. La unidad en el FA no es, ni puede ser sinónimo de callar y obedecer. Hace muchos años que venimos viendo en silencio como nuestra fuerza política se va transformando en un partido tradicional “electorero”, (como solíamos acusar a los blanqui-colorados), sin decir nada por preservar la unidad. Hace mucho  venimos viendo como el programa no es aplicado ni a un 20%, calladitos, para no complicar a los compañeros que están en cargos de gobierno. Ahora es imprescindible alzar la voz: una llamada de alerta a tiempo, puede evitar la división de mañana. Atentar contra la unidad es imponer un candidato común, que tiene bien poco de común, obligando a miles de frentistas a no poder votar a su propio partido, ¿Puede haber algo menos unitario que eso? Lo dudo.
Profundizando ligeramente, a la larga, parece dibujarse en el horizonte un panorama en donde el Frente Liber Seregni, y el resto del FA operen con objetivos y metodologías bien diferentes, pero aún no estamos allí. Aún se puede salvar la unidad, si encontramos la forma de que ninguno se vea obligado a abandonar sus principios y si llegamos a establecer una clara correlación de fuerzas interna. Claro que  el ceder es un elemento central en la operativa de una coalición, pero hasta dónde. No puede ser que siempre sean los mismos que cedan y en cosas realmente claves, eso no conforta en lo más mínimo la unidad.    
La segunda crítica, relacionada con tratar estos temas en la interna, me permite preguntar ¿Qué interna? El FA nos muestra una interna tremendamente burocratizada en donde la coalición ha tomado el control sobre el movimiento al que ha prácticamente fagocitado, con comités de base moribundos, carentes de peso político real a los que aún se les quiere retirar el poco poder que les queda, para darlos por finalmente extintos.  Más allá de las causas, así es la realidad. La política del FA se establece en la calle Colonia y no en los comités. Y cuando las decisiones políticas recaen en “políticos profesionales”, hay otros factores que entran en juego más allá de los postulados ideológicos que conduzcan sus acciones.
Sin acusar a nadie ni en general ni en particular (nada más lejos), lo cierto es que es tremendamente humano y comprensible el hecho de que una persona, una vez que está inserta en los diferentes ámbitos de poder, no quiera correr el riesgo de tener que abandonar esa posición. El ser humano es así, y toda organización política debería contar con mecanismos aceitados de control popular y renovación sistemática para evitar, en la medida de lo posible, que esos modos se perpetúen.
Visto desde allí, el FA aparece como una fuerza política avejentada, con las mismas caras visibles desde hace décadas, sin permitir la renovación generacional que naturalmente ya debía de haberse operado. Ambas características (la burocratización y la vejez) la vuelven conservadora, con todo lo que ello implica.
El tabaretismo miedoso es el que imagino más corriente entre nuestros políticos profesionales, porque me niego a creer que tantos se hayan vuelto socialdemócratas.  
Es indispensable el apoyo de algunos partidos políticos a la hora de pensar en una alternativa a la candidatura de Tabaré, pero tomando en cuenta los puntos que acabo de mencionar, no será nada fácil. Es allí donde los argumentos de orden ideológico deben ponerse sobre la mesa, además de ciertas valoraciones estratégicas.
El problema reside en la falta de visibilidad de las definiciones ideológicas de los propios partidos que integran el FA, al menos los de su ala izquierda. Habría que volver a preguntarles: ¿Cuáles son sus objetivos últimos? ¿A qué modelo de sociedad aspiran? ¿Cuál es la estrategia que consideran correcta para obtenerlos? ¿Qué papel juega el FA en el marco de esa estrategia? ¿Qué características debe tener el FA para que sea eficiente en pos de lograr los objetivos? Yo me pregunto cuántos de los partidos que integran el FA son capaces de responder a esas preguntas hoy en día.
Más allá del cariño, confianza o camaradería que pueda tenerse por Tabaré habría que poner claramente sobre la mesa el pensamiento que lo anima, y sin perder eso de vista, saber si puede hacerse cargo de un gobierno del FA que sea útil en la construcción de la sociedad a la que esos partidos aspiran.  
Habría que tener presente también que la coartada del programa, tras dos períodos de gobierno, se muestra insuficiente. El FA puede decidir el programa que sus mayorías voten, pero el mismo será puesto en práctica por un equipo de gobierno bajo el mando presidencial. Así hemos escuchado las más variopintas excusas que intentan explicar el incumpliendo del mismo, y una vez más, calladitos, las hemos tolerado sin hacer muchas preguntas. No es suficiente tener un buen programa si no se tiene un presidente profundamente comprometido con el mismo, y con el valor suficiente como para llevarlo a cabo. Es lógico, si yo soy presidente voy a intentar dejar siempre para más adelante aquellas políticas que sean menos adaptadas a mi propia forma de ver las cosas. Y a las pruebas me remito; si no aprendemos de la experiencia...     
Desde un punto de vista más pragmático, quizás podríamos señalarles a nuestros políticos profesionales, representantes de partidos de izquierda del FA, que si el candidato es Tabaré, la izquierda (la izquierda “posta”), no tendrá expresión política electoral, es decir, no tendrá a quién votar. Esto debido a que por un lado el FA presentará un socialdemócrata declarado y con experiencia, Asamblea popular presentará a su “ultra” favorito (con el mayor de los respetos por esa orientación), y la derecha nos traerá a sus floripondios conocidos.  
No hay que ser demasiado brillante para sospechar que los partidos que defiendan la candidatura de Vázquez, quedarán totalmente desprestigiados frente a la masa de izquierda. Es probable que se les perciba como defensores de un nuevo "pensamiento único", un poco menos liberales, moralmente decentes, pero incapaces de presentar alternativas tendientes a forjar una sociedad más justa, con una real redistribución de la riqueza, con políticas ecológicas serias, conscientes del momento delicado que vive el planeta y el país, que cuestionen las bases de la producción, de la propiedad, del interés general y del consumo. En definitiva, no veo cómo pueden seguir siendo percibidos como partidos de izquierda en la medida en que sean incapaces de proponer reales alternativas. 
Pero incluso, desde un punto de vista más pragmático, habría que señalarles a nuestros partidos de izquierda el peligro que implica una victoria de Vázquez, sabiendo que los votos vendrán más del centro que de la izquierda, (y cuando digo “sabiendo” me refiero tanto al presidente como a los propios partidos de izquierda y a la sociedad en general) ¿Qué tipo de gobierno podríamos esperar entonces?  

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