jueves, 27 de noviembre de 2014

UN CAMBIO DE RUMBO

CARTA UN CAMBIO DE RUMBO: http://www.peticiones24.com/otrorumbo


Creo que todos y cada uno de los firmantes de esta carta pueden tener matices con la redacción de la misma. Nada más natural, al no ser un documento exhaustivo. Desde diferentes lugares se ha cuestionado tanto la caracterización de "izquierda" que se plantea, como el diagnóstico sobre la educación. Dichos cuestionamientos, entre otros, son de recibo y alimentan de una u otra forma el debate argumentado.

Sin embargo, el mayor cuestionamiento ha sido su "oportunidad" y "forma". Las elecciones parecen haber dejado de ser lo que siempre fueron para las fuerzas de izquierda: un momento de síntesis política, una oportunidad para la generación de conciencia, en donde la ciudadanía le presta atención a temas que en la vida cotidiana posterior tiende a evadir. Las elecciones parecen haberse transformado en meras campañas propagandísticas, donde el debate de ideas no tiene lugar. 

Podríamos llegar a comprender que si una elección viene muy peleada, conviene propagandísticamente tener una postura lo más unánime posible, para no perder "seriedad" como propuesta integral, sin embargo, estamos en las antípodas de esa realidad. Los más de 10 puntos que separan a Tabaré de Lacalle, deberían permitirnos dar ese debate, sin correr el menor riesgo de que gane la derecha. Entonces, la aversión al debate ciudadano de ideas, parece venir por otro lado.

Se sugiere que los firmantes de la carta realizan una campaña para no votar a Tabaré siguiendo la lógica del "estás monolíticamente conmigo o estás contra mí". Nada más lejos de la verdad. Muchísimos firmantes hemos votado FA en la primera vuelta, muchísimos lo haremos en la segunda, otros no lo haremos. Esto desnuda una nueva realidad: hay mucha gente de izquierda que estando de acuerdo en sus preocupaciones, ha dejado de coincidir en sus estrategias electorales. Es un fenómeno que no puede achacarse a unos "loquitos tira bombas". Es al contrario, un fenómeno a estudiar con mucha atención.

En cuanto a la forma, se sostiene que para discutir estos temas está la orgánica del FA, cuya cúspide es el Congreso. Una vez definidas allí las cosas, la discusión se da por cerrada. Este cuestionamiento partiría de la base de que todo uruguayo de izquierda debe ser militante orgánico frentista, lo que nos pone frente a un problema: ¿Quién es frentista? ¿El votante del FA lo es? ¿Quién militó toda su vida orgánicamente y de momento se encuentra alejado lo es? ¿Sólo los militantes orgánicos actuales lo son? Sin embargo, por otro lado se dice que un millón de uruguayos lo son. Ese millón no está en la orgánica ¿de modo que no tiene derecho a expresarse salvo con su voto?  

"Vayan al comité" se dice. Cualquiera que haya ido a un comité en los últimos años notará que o bien están cerrados, o bien quedan algunos pocos militantes, la gran mayoría de ellos sectorizados, y en donde el escenario más habitual es la discusión de posiciones sectoriales previamente establecidas que no se alterarán fruto de ese debate. El momento más político de un comité suele ser la previa al Congreso, sin embargo todo termina en saber si tal comité está alineado a tal sector o a tal otro. Pero incluso más: quiénes hayan acudido al Congreso del FA deben haberse enterado del "misterioso" funcionamiento de algunas comisiones, por ejemplo economía, en donde se votaron mociones por mayoría que luego fueron arbitrariamente retiradas por sus propios autores, reuniones cupulares donde se decidieron materias importantes sin atender los frutos del debate en comisiones y plenaria, presiones externas al funcionamiento del congreso por parte de "personalidades importantes", etc. También es notorio que el documento de allí emergido es de una laxitud tal que cualquier interpretación cabe, dejando así prácticamente las manos libres al candidato/presidente para que lo interprete como quiera, sin dar claras directivas respecto a casi nada. Es como si el FA hubiera decidido no decidirse. La pregunta que cabe sería ¿son tan grandes las diferencias internas que tomar decisiones colectivas se ha vuelto inviable y por ende, se deja en libertad al candidato/presidente para que las tome? Si es así, entonces ¿para qué sirve realmente el congreso y su fruto, el programa? Y por añadidura, ¿estamos votando realmente "ideas" o estamos votando "personas" a quienes se da un vago programa que puede interpretar a su gusto?  ¿Hará la bancada del FA una interpretación distinta del programa que el presidente, o se mantendrán los mismos acuerdos cupulares? 


Todos sabemos que la situación de la orgánica del FA es muy preocupante y eufemizar al respecto es hacerse trampas al solitario. Miles de personas de izquierda no tienen ni tiempo ni ganas de pasarse horas discutiendo al cuete, cuando todos saben que el partido se está jugando en otra cancha.

Entonces ¿qué pasó con esa orgánica otrora locomotora del FA y que ahora es una máquina de expulsar gente de su seno? Si nos sacamos la careta por unos momentos, todos podemos coincidir en que desde hace muchos años el FA se ha transformado en coalición y que su faceta de movimiento ha casi desaparecido (salvo en las semanas previas a las elecciones). Los militantes sectorizados tienen vehículos de expresión en sus respectivos sectores. Luego las cúpulas de sus sectores acuerdan todo entre ellos. ¿Qué sucede entonces con todos los demás? Nada. La orgánica frentista basada en comités de base pujantes, en donde todo se discutía y en donde sus decisiones pesaban, no existe más.  ¿Se puede volver atrás? ¿Pueden los comités volver a ser lo que eran en el marco del FA del siglo XXI? No tengo la respuesta, aunque tiendo a pensar que no. Algo nuevo habrá que inventar.   

Fruto de la asfixia de la orgánica del FA, incapaz de seguir generando aquella "unidad en la diversidad", transformada hoy en hegemonía de unas corrientes ideológicas sobre otras, cuyas posiciones no son tomadas en cuenta y a quienes no se les tolera la crítica, fruto del desmantelamiento de aquella dinámica de "coalición y movimiento", es que miles de personas se han alejado de su orgánica o incluso del propio FA, y es también fruto de ello que irrumpen en el escenario iniciativas telemáticas como la carta "Un cambio de rumbo". ¿Es la mejor forma para expresarnos como ciudadanos libres y de izquierda? No lo sé, pero en todo caso ¿existe hoy en día alguna otra?   

Obviamente la carta no es perfecta, claro que le faltan muchas cosas, y hay elementos que deberían precisarse mejor, pero su espíritu es claro. Es posible que no tenga ninguna incidencia en las políticas de gobierno, pero al menos sirve para poner sobre la mesa un poco de debate de ideas que buena falta nos viene haciendo. 

Lic, Gabriela Balkey